Óctuple Sendero

1º grupo: Sabiduría

1.1  Correcto entendimiento (de las cuatro nobles verdades)

1.2  Correcto pensamiento

 

2º grupo: Conducta

2.1. Acción correcta

2.2. Habla correcta

2.3. Correcta forma de vida

 

3º grupo: Meditación

3.1. Perseverancia en eliminar las cosas negativas y destructivas o las fuerzas oscuras incluyendo malos hábitos.

Perseverancia en prevenir la vuelta de las cosas negativas eliminadas.

Perseverancia invencible en mantener los estados alcanzados.

Perseverancia en desarrollar todos los aspectos positivos y perfeccionar los estados desarrollados.

3.2. Consciencia plena correcta (Sati)

3.3. Correcto Samadhi

 

Vamos a ocuparnos del octavo factor del óctuple sendero, el correcto Samadhi.

Recordamos que en el grupo de la Meditación, había tres factores:

Primero Perseverancia, segundo, Sati y el tercero es el Samadhi.

El Samadhi se refiere a la estabilidad mental firmemente sostenida. Literalmente, Samadhi significa “firmemente sostenido” y hace referencia a un estado de la mente. Entonces lo podemos traducir como un estado de mente firmemente establecido. En cierto sentido, hace referencia a la mente, pero no sólo a la mente en sí, sino a la consciencia; por lo tanto, se refiere a la estabilidad firme de la consciencia. El Samadhi es una buena consciencia estabilizada. Normalmente, nuestra consciencia no está bien estabilizada o está distraída o se distrae con elementos internos y externos. Puedes ver el movimiento de la consciencia buscando algo, no queriendo estar focalizada en el presente. La manifestación normal cotidiana de nuestra consciencia es estar desfocalizada. Por lo tanto, la meditación es la ayuda o el entrenamiento para que la consciencia se enfoque y al mismo tiempo, lograr elevar la consciencia. De este modo, nuestra consciencia está cada vez más alta dejando el viejo plano de consciencia. Es como un edificio que tiene muchos pisos. Por ello la meditación se asemeja a ir subiendo de un piso a otro, hasta alcanzar el piso más alto y éste corresponde a la consciencia suprema. Siguiendo con el símil, es como alcanzar el piso de lujo. En ese piso más alto donde todo es mejor, más bonito, todo parece más bello, más hermoso y donde hay más tranquilidad.

El desarrollo está conectado con el Samadhi. Hay tres niveles de Samadhi:

 

Primer nivel

Se llama Samadhi momentáneo. Es como lo que estás haciendo ahora, escuchando, escribiendo. Eso es Samadhi momentáneo. Estás focalizando la atención, estás presente. Puede que oigas otras cosas pero no llegan a distraerte o quizás te distraigan ligeramente pero sigues manteniendo la atención sobre el objeto de tu focalización; no te pierde en la distracción. Hay dos cosas que nos sacan del Samadhi: una son las distracciones y la otra son las molestias o perturbaciones que vienen de fuera. Cuando eres perturbado, te produce dolor, sufrimiento. Puedes estar perturbado emocional o mentalmente. Puedes estar perturbado por imágenes de miedo que te asustan, por imágenes agradables porque quieres seguir esas imágenes y te sacan del Samadhi. Por eso en la práctica, para el desarrollo del Samadhi, no permitimos ni que nos distraigan ni que nos molesten. Tenemos la actitud  de aceptar todo lo que venga y permitiéndole ser; aceptar y permitir ser sin involucrarse, sin identificarse con y así somos libres y las cosas también. Es muy simple el Samadhi momentáneo. Cuando el primer Samadhi se aplica y se desarrolla una y otra vez, aparece el segundo Samadhi.

 

Un niño, por poner un ejemplo sencillo, que está aprendiendo a leer y le gusta, empieza a leer, cada vez lee más y llega un momento que su atención está en la lectura. Le hablas y ni siquiera te escucha. Está ya involucrado en la lectura, inmerso en lo que está haciendo. Entonces decimos que el niño que tiene un buen Samadhi aprende a leer rápido. El Samadhi es algo natural para el niño. Si ayudamos al niño a desarrollar el Samadhi, a que focalice mejor su atención, el niño espontáneamente va a ir desarrollando cada vez mejor Samadhi, a tener mayor facilidad de aprendizaje.

 

Por lo tanto, en la meditación empezamos siempre por un Samadhi momentáneo, estando con la respiración, sintiendo como la respiración entra y sale, observándola, regular, irregularmente. Seguimos observando la respiración, de repente aparece algo y me distrae y vuelvo a colocar la atención. Mantengo la atención y sigo observando, sigo observando y vuelve la distracción y vuelvo a colocar la atención y así cada vez se va estabilizando más el Samadhi y llega el segundo estado de Samadhi. Te mantienes volviendo al presente con aquello que estás observando, por ejemplo, con la respiración.

 

Por ejemplo, con el mirar, con la instrucción que dimos ayer. Estoy mirando, me mantengo mirando, me distraigo, se me va el pensamiento y empieza el discurso interno; vuelvo a mirar una y otra vez y cada vez voy mirando con más claridad. En ese sentido, el mirar es el objeto sobre el que aplicamos la atención al igual que lo hacíamos sobre el respirar. No es que sea el mismo objeto, es un objeto sobre el que aplicamos la atención igual que la podemos poner en el respirar. Al mirar una y otra vez, se va haciendo más estable y más firme la mirada, la visión y ésta se va aclarando.

 

En ocasiones, el mirar para mi es como un pilar que va hacia abajo conectándome con algo que es muy profundo allá abajo y con algo que es muy alto arriba y que para mi aparece muy sólido; es una imagen muy sólida. Y en ese sentido, mirar toma mucha estabilidad, es una mirada muy estable y en ese momento hay que decir que el Samadhi está bien establecido.

 

Segundo nivel.

En el segundo grado de Samadhi, le llamamos Samadhi casi firme, pero no es totalmente firme todavía. Puedes distraerte pero recuperar la atención rápidamente. Es una energía que te permite estar presente con el objeto y con la sensación de placer, de gozo, de estar con ese objeto. En este estado de Samadhi, hay más alegría en la experiencia de estar bien y de ese modo no tienes la necesidad de llegar a ningún otro lado. En este sentido, cuando me refiero a ti o a mí, en que hay más alegría, el Samadhi pasa a hacer parte del yo, está más contenido. Así, estar presente es cada vez más placentero, más alegre, más gozoso y a la vez en este momento, en este nivel, sigue habiendo cierta distracción o ciertas perturbaciones externas porque la mente nunca está satisfecha.

La naturaleza de la mente es la insatisfacción. Entonces si su naturaleza es insatisfactoria, no puedes satisfacerte. Tú dices, “bueno, bueno, he tenido suficiente” y la mente dice “un poquito más…”. La mente siempre quiere más, porque nunca se satisface suficientemente. Yo me he dado cuenta que no podemos satisfacer aquello que tiene una naturaleza insatisfactoria para todos. No podemos satisfacernos totalmente, sólo hasta cierto punto. Así que no esperen en la meditación una satisfacción completa porque en la vida hay insatisfacción. Por lo tanto necesitamos conocer este hecho vital pero aún así lo seguimos haciendo, es inevitable. Está bien intentar satisfacernos pero que sepamos que nunca nos vamos a satisfacer completamente. Mientras sepas que no puedes satisfacerte completamente, no vas a sufrir. Pero si no sabes que no vas a llegar a satisfacerte, te va a producir sufrimiento. Por ejemplo, has cometido un error. Has hecho algo que está equivocado. Dices: “bueno, he hecho algo equivocado” y entonces dices: “a ver, no existe ninguna persona que no haga algo que no esté equivocado, pues entonces, soy uno más que hace cosas equivocadas”. Intentamos no hacer cosas equivocadamente pero a veces está más allá de nuestras capacidades. Está bien, no te exijas ser perfecto en todo.

 

Tercer nivel.

Una vez alcanzado el segundo Samadhi, seguimos desarrollándolo, se mantiene cada vez más permanente y llega un momento que pasa a ser un Samadhi firme, estable, tan firme como la roca misma.

Cuando Buda se refería al Samadhi, en el óctuple sendero, se refería al Samadhi firme. Es lo que se llama el Jhàna, un estado de absorción meditativa. Hasta que no alcanzas el estado Jhánico, el primer estado Jhánico, el Samadhi puede utilizarse para propósitos erróneos o equivocados. Hay atención en ese estado, hay atención plena (A.P.) y consciencia plena (C.P.) y por eso ese estado es correcto, adecuado porque la atención plena está para obtener la información necesaria para la función ejecutiva (F.E.) o ego consciente.

Si atención plena y consciencia plena están ahí y no son lo mismo los dos, podemos estar seguros que no hay nada equivocado porque traen Sabiduría e Insights; es la visión interna real: ves y sabes. En la vida es lo mismo. Utilizas en el día a día la atención plena y la conciencia plena y sabes lo que tienes que hacer y lo que no te conviene hacer. Entonces puedes tomar la decisión correcta porque la función ejecutiva está ahí, para no variar. Es un proceso en el que trabajan juntos, es un trabajo en equipo porque no somos nada aparte de esto: una masa de condicionamientos.

 

Es curioso lo de la verdad. Me recuerda un periodo de mi vida en que veía todo muy claro y no paraba de reír. Para mi el ver la verdad iba asociado a la risa. Era una sensación curiosa porque yo veía y no podía parar de reír. La gente me decía que si estaba loco. Yo decía:“¡no, no!”, pero veía y me producía risa. Me puedo imaginar a los monjes que se retiran en las montañas, en los bosques a meditar y seguro que alguno habrá encontrado la verdad. Me lo imagino y supongo que se reirán en sus cuevas o allá dónde están y uno al pasar por ahí, exclamaría: “¡qué gracioso! ¿Por qué se estará riendo?”

 

Una Nota Especial: La práctica de mindfulness aprecia un camino simple pero poderoso para liberarnos, para volvernos a poner en contacto con nuestra propia sabiduría y con nuestra fuerza vital. Es una forma de controlar con espontaneidad la dirección y la calidad de nuestras vidas, incluyendo las relaciones familiares, nuestra relación con el trabajo y con el mundo en general, y lo que es más importante, nuestra relación con nosotros mismos como personas. La clave para recorrer este camino es la apreciación del momento presente y el cultivo de una relación intima con éste, atendiéndolo continuamente con entendimiento, cariño y amor universal (mettâ) que está disponible para siempre en el momento presente. Es lo opuesto a dar la vida por sentado.

 

Dhiravamsa